Quizá, según el proverbio, no muerda, pero desde luego hace ruido… Y si es para advertir de la presencia de ladrones, sus ladridos son bienvenidos. Tiene la misma función que las ocas del Capitolio que, según la leyenda, avisaron a los romanos asediados en el año 390 a.C. de que los galos de Brenno estaban escalando las murallas.
Hoy en día, y según el Código Civil, el propietario de un perro que ladra puede ser multado con una sanción que oscila en torno a los 300 euros por incumplimiento de las normas recogidas en el Código y en las ordenanzas municipales que regulan el ruido en los vecindarios.

